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Portemos a nuestros bebés |
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Yoga para niños |
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Desde un punto de vista fisiológico, el ser humano llega al mundo
de forma prematura. De hecho, debería permanecer nueve meses más en el vientre
materno para poder alcanzar un nivel de desarrollo comparable al que tienen los
otros mamíferos en el momento de su nacimiento.
¿Qué implicaciones tiene esto para nosotros? Durante este periodo, tenemos que
intentar ofrecer al recién nacido un entorno que se parezca al máximo a lo que
conoció en su vida intrauterina. Para ello, el fular es un instrumento ideal. Al
portar al bebé en un fular, la madre puede ocuparse de sus labores domésticas y,
en algunos casos, profesionales. El bebé seguirá estando en movimiento y será
acunado siguiendo el ritmo habitual al que ya estaba acostumbrado antes de
nacer...
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Actualmente vivimos en una
sociedad que impone un ritmo de vida estresante donde cada vez hay menos
personas satisfechas de sí mismas.
Dentro de esta sociedad moderna en
la que se tiende a excluir algunos valores del ser humano, sustituyéndolos por
normas estereotipadas de conducta que no están acordes con su propia naturaleza
(ya que a veces son patrones de restricción y control que no le permiten
expresarse libremente);
el YOGA PARA NIÑOS permite
acercarlos a un mayor bienestar y a un equilibrio físico, mental y emocional,
favoreciendo y desarrollando sus facultades y potencialidades inherentes:
espontaneidad, creatividad, comunicación...
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Período de adaptación ¿Sí o no? |
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Llegar a casa con un bebé recién nacido |
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Hace una semana que los colegios y
las guarderías (éstas antes) volvieron a abrir sus puertas a los niños y niñas.
Muchos de estos niños ya habían ido años anteriores al colegio o a la guardería
y muchos otros no lo habían hecho nunca.
Tanto si hablamos de guardería como si lo hacemos de escuela, hay centros que
optan por realizar un periodo de adaptación (yo diría que la mayoría) y otros
que no lo hacen. Muchos padres piensan que les va bien y otros piensan que no se
consigue demasiado o que “oye, la vida es así”...

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Una vez superada la mayor “escena
temida” que acaparó nuestra atención durante varios meses, es decir, una vez que
hemos transitado el parto, y según el bienestar o malestar, el buen o mal trato
que hemos recibido, y según la calidad del encuentro que hemos logrado
experimentar con nuestro bebé; aparecerá la siguiente “escena temida”, que es
la llegada a casa. De regreso a nuestro hogar, nos encontramos con un bebé en
brazos y un sinnúmero de consejos médicos y de los otros. La gran pregunta es
cómo nos arreglaremos con ese niñito cuando no podamos calmarlo y no tengamos a
quien pedir ayuda...
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- Deberías tener derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se
amen.
- Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un
individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto
que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en FAMILIA.
- Deberías tener el derecho a nacer con el sexo que la naturaleza te ha
dado independientemente del que tus padres anhelaban.
- Deberías tener el derecho a ser tomado en cuenta desde el primer momento
de tu gestacíón.
- Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe de
querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer.
- Deberías tener el derecho a tener un padre y una madre protectores que
estén durante tu crecimiento siempre presentes.
- Deberías tener el derecho a que te ofrezcan el mayor número de
posibilidades para que en el sendero que elegiste, te desarrolles.
- Deberías tener el derecho a poseer un espacio donde poder aislarte para
construir tu mundo imaginario, a ver lo que quieras sin que tus ojos sean
limitados por morales caducas, a aquello que desees aunque sean ideas
contrarias a las de tu familia.
- Tienes pleno derecho a no ser comparado, ningún hermano o hermana vale
más o vale menos que tú, el amor existe cuando se reconoce la esencial
diferencia.
- Deberías tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus
familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, a no ser
receptáculo de sus angustias económicas. A crecer en un ambiente de
confianza y seguridad.
- Deberías tener el derecho a ser educado por un padre y una madre que se
rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus
contradicciones.
- Si se divorcian, deberías tener el derecho a que no te obliguen a ver a
los hombres con los ojos resentidos de una madre ni a las mujeres con los
ojos resentidos de un padre.
- Deberías tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes
tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos.
- Deberías tener el derecho a no ser criticado si eliges un camino que no
estaba en los planes de tus progenitores; a amar a quién desees sin
necesidad de aprobación, y, cuando te sientas capaz, a abandonar el hogar
y partir a vivir tu vida; a sobrepasar a tus padre, ir más lejos que
ellos, realizar lo que ellos no pudieron, vivir más que ellos.
- Al final, deberías tener el derecho a elegir el momento de tu muerte si
que nadie, en contra de tu voluntad, te mantenga en vida.
ALEJANDRO JODOROWSKY
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La última vez que se actualizó esta Web fue el 30 de Enero del 2010
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