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En las últimas
décadas, el gran aumento de la incorporación de la madre al mundo laboral, y la
creciente costumbre de “montar una habitación de revista”, ha hecho que
pretendamos que un bebé duerma toda la noche “del tirón” para poder descansar
como antes de ser padres y seguir nuestro ritmo de vida como si nada hubiera
pasado.
Esto es bastante difícil, porque los humanos estamos programados para reclamar a
nuestras madres en cuanto nos dejan solos.
El pediatra Carlos González lo explica así:
Los bebés hace 100.000 años dormían con sus madres ¿se imagina a un bebé solo,
desnudo, durmiendo en el suelo y al aire libre a 5 ó 10 metros de su madre
durante 6 u 8 horas seguidas? No hubiera sobrevivido.
Para cualquier animal, el sueño es un momento de peligro. Nuestros genes nos
impulsan a mantenernos despiertos cuando nos sentimos amenazados, y a dejarnos
llevar por el sueño sólo cuando nos sentimos seguros. Nos sentimos amenazados en
un lugar desconocido, y a mucha gente le cuesta dormir en un hotel porque
“extraña la cama”.
Pero además de esta explicación existen otras causas: hambre, sed, miedo,
resfriados, otitis, pañal sucio, dentición, fiebre o cólicos son los “males” más
sufridos por los bebés y niños de corta edad, que les impiden dormir “a pierna
suelta” como nos gustaría a los adultos.
Ya solo los síntomas de la dentición son como para no poder dormir ni una sola
noche “de corrido”: babas excesivas, mocos, sarpullidos en boca y zona del
pañal, rabietas y nerviosismo, encías inflamadas...
¿Existe el insomnio infantil?
Tal y como explica el Dr. González en su libro “Bésame Mucho” (Cómo criar a tus
hijos con amor): “Cuando un niño pequeño tarda en dormirse o se despierta varias
veces por la noche y llama a su madre, se nos dice que tiene “insomnio infantil
por hábitos incorrectos”. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales, una clasificación internacional generalmente aceptada, no
aparece NINGUNA enfermedad con ese nombre. Es como si a mí me quitan el colchón
y me obligan a dormir en el suelo, me costaría mucho dormirme. ¿Significa eso
que tengo insomnio? Claro que no; devuélvame el colchón y verá qué bien duermo.
Si a un niño lo separan de su madre y le cuesta dormir, ¿tiene insomnio? ¡Verá
qué bien duerme si le devuelven a su madre”.
Algún caso habrá, pero en general el “problema” no es otro sino que el niño está
pidiendo el contacto físico, la cercanía con otra persona. Al fin y al cabo los
adultos también estamos acostumbrados a dormir acompañados. ¿Quién no ha dado
varias vueltas en la cama si su pareja se ha ausentado de casa por una noche?
Pues imagínese un niño que no comprende nada de normas ni de modas...
González insiste en que la situación es totalmente normal:
Todos nacemos sabiendo dormir, comer y respirar, y comenzamos a caminar cuando
nos llega la edad adecuada, sin que nadie nos enseñe. Nadie ha tenido que
escribir un libro con un método para poner el pijama a los niños que no se
dejan. No, los niños no son caprichosos; en aquellas cosas que no les parecen
importantes están siempre dispuestos a llevarnos la corriente y a hacer lo que
les pidamos. Pero al pretender que duerman solos, estamos exigiéndoles algo
totalmente contrario a sus más profundos instintos, y la lucha es tenaz. Si lo
normal es dormir solos en su cuarto... ¿porqué hay tan pocos niños que hagan “lo
normal” y tantos que “aprenden” a hacer algo anormal? ¿Porqué hay tan pocos
niños que duerman toda la noche “del tirón” por sí mismos? ¿No será que lo
normal es dormir acompañados y con despertares frecuentes?
¿Y la intimidad de la pareja?
Seguimos un extracto del libro mencionado en el que González comenta con la
ironía y sentido del humor que le caracteriza:
“Dicen que un bebé en la habitación interfiere con la vida sexual de la pareja.
Pero no es así. Incluso a un bebé que duerme en la cama de los padres se le
puede sacar un ratito una vez dormido y dejarlo en su cunita. Cierto es que se
puede despertar de pronto, pero eso también pasaría si duerme en otra
habitación, y si no acude en dos minutos estará llorando a grito pelado. Además,
el día tiene muchas horas, y la casa muchas habitaciones. Si no encuentra usted
la manera de mantener relaciones sexuales, no le eche la culpa al niño”.
Las primeras semanas del bebé
Los patrones de sueño-vigilia de un bebé están principalmente relacionados con
su estómago: se despierta cuando tiene hambre y se duerme cuando está lleno,
también se rigen (lógicamente) por el cansancio: se duermen cuando están
cansados y se despiertan cuando han descansado. Si su horario no coincide con el
tuyo, no es culpa de ellos: ni siquiera son conscientes de ello. No puedes hacer
prácticamente nada por forzar a un bebé a que duerma si no quiere, ni tampoco
para despertarlo si está dormido profundamente. Si su sueño es ligero se pueden
poner en práctica algunos trucos que enumeramos más adelante.
Elizabeth Pantley, educadora de padres y madre de 4 hijos nos describe en su
libro “Felices Sueños” las siguientes características de los bebés que explican
cuales son los motivos para que tengan este patrón de sueño/alimento:
• Tienen estómagos pequeños que necesitan ser llenados frecuentemente.
• Crecen muy rápido (y como consecuencia necesitan comer muy a menudo).
• Su dieta es líquida.
• La digestión es rápida (sobre todo en la lactancia materna, que es el alimento
perfecto para no sobrecargar su sistema digestivo).
• Necesitan alimento cada 2-4 horas, e incluso más a menudo dependiendo de cada
bebé. Si duerme más de 4-5 horas (en las primeras 3-4 semanas) hay que valorar
su tamaño, salud, aumento de peso, etc... para determinar si se le debe
despertar para comer, auque como regla general no se le debe molestar si él no
pide alimento.
• Para los bebés, dormir unas 5 horas ya supone HABER DORMIDO LA NOCHE COMPLETA,
por lo que si se duerme sobre las 10 de la noche (por ejemplo) es perfectamente
normal que se vuelva a despertar a las 3 de la mañana.
Los bebés necesitan unos 20 minutos para llegar al sueño profundo, por eso
muchas veces se despiertan automáticamente en cuanto los dejas en su cuna tras
haberlos dormido en brazos. Por otra parte los adultos tienen un 80 % de sueño
profundo, y los bebés prácticamente lo contrario, por lo que es muy posible que
se despierten varias veces. Con estos patrones de sueño tan distintos, la
“batalla” está servida.
Este recuadro muestra cuales son los signos que nos ayudan a saber cuando un
bebé está ligeramente dormido o si ya lo está profundamente.
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Sueño ligero |
Sueño
profundo |
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Párpados en movimiento, muecas faciales,
puños parcialmente contraídos, sacudidas musculares y tensión corporal. |
Rostro inmóvil, respiración regular,
párpados quietos, cuerpo en relajación (brazos que cuelgan, manos abiertas
y músculos relajados). |
Algunos bebés de
entre 6 y 12 meses aprovechan para practicar cualquier nueva habilidad (ponerse
de pie en la cuna, gatear, caminar...) a cada rato, llegando incluso a emprender
la tarea en cada despertar nocturno. Otros, por el contrario, se entretienen
tanto practicando estas nuevas habilidades durante el día que incluso pierden el
interés por la comida. Hay que procurar que satisfagan sus necesidades de
succión y alimento por el día, para que no intente recuperar de noche “el tiempo
perdido”. Introducir los sólidos tempranamente no soluciona nada, y muchos
familiares/amigos se empeñan en afirmar que “si le quitas la teta no se
despertará tanto de noche”. En España (datos 2003) solo un 23 % de las madres
dan el pecho a los 6 meses, y las que se quejan de “problemas de sueño” son
muchas más, por lo que se deduce que la mayoría de esos niños no toma ya el
pecho.
¿Cuándo, cómo y dónde deben dormir?
El Dr. Sears, pediatra y padre de 8 hijos nos dice en uno de sus libros: “Hay 3
cosas que nunca deben preguntar a su pediatra:
• ¿Dónde debe dormir?
• ¿Cuánto tiempo debe mamar?
• ¿Debo dejarle llorar?
En la facultad de medicina no se estudian las respuestas a estas preguntas, y es
probable que gran parte del consejo médico provenga de la propia experiencia
personal como padres, y no de su formación profesional.”
Algunos bebés que al principio dormían 5-7 horas por la noche, suelen acortar
esos periodos de sueño cuando crecen, al contrario de lo esperado. Carlos
González nos dice:
Siempre hay algún alma cándida que explica a los nuevos padres: “No te
preocupes, esto sólo es al principio; a medida que crezca dormirá cada vez más.”
¿Cómo va a dormir cada vez más? Los recién nacidos duermen más de dieciséis
horas al día; si llegan a dormir más caen en coma. Los adultos dormimos unas
ocho horas al día o menos, así que en algún momento de nuestro crecimiento
tenemos que ir dejando de dormir. “Claro –dicen algunos-, duermen menos horas en
total, pero por la noche duermen más horas seguidas.” Tal vez ocurra en algunos
casos, pero en otros ocurre justo lo contrario.
Una solución sencilla y beneficiosa: el colecho
Ya hemos visto lo que explica Carlos González, y continúa así Ponerse a llorar
de forma inmediata es una conducta lógica. Esto ha permitido a la selección
natural a garantizar la supervivencia del individuo durante millones de años.
Los recién nacidos necesitan contacto físico. Se ha comprobado experimentalmente
que durante la primera hora tras el parto, los que están en su cuna lloran 10
veces más que los que están en brazos de su madre.
Las Naciones Unidas hicieron en los años 50 un estudio sobre las necesidades de
los niños huérfanos o abandonados. Entre los efectos a corto plazo eran
frecuentes algunas de estas reacciones:
• Cuando vuelve la madre, el niño se enfada con ella, o le niega el saludo y
hace como si no la viera.
• El niño se muestra muy exigente con las personas que le cuidan; pide atención
todo el rato, quiere que todo se haga a su manera, tiene ataques de celos y
tremendas rabietas.
• Se relaciona con cualquier adulto que tenga a mano, de una forma superficial
pero aparentemente alegre.
• Apatía, pérdida de interés por las cosas, movimientos rítmicos (como si se
meciera él solo), a veces dándose golpes con la cabeza.
Medidas de seguridad para dormir con el bebé. Factores de
riesgo.
Muchos padres se preocupan porque piensan que pueden aplastar al bebé. Esto es
prácticamente imposible, gracias al mismo mecanismo que permite que los adultos,
aún profundamente dormidos, no nos caigamos de la cama (aunque evidentemente las
consecuencias son bien distintas).
Los factores de riesgo a la hora de dormir con un bebé son:
• Padres fumadores (aunque nunca lo hagan en presencia del bebé).
• Padres con obesidad mórbida (por riesgo de aplastamiento).
• Padres con problemas de alcohol, drogas o que tomen somníferos. Sustancias
todas ellas que provocan excesivo sueño.
Lo más seguro es que un bebé duerma en la misma habitación de los padres.
Incluso pueden aprender los patrones de respiración de sus progenitores si les
oyen durante sus ciclos de sueño cada noche. Si el bebé duerme en otra
habitación, el riesgo de muerte súbita se multiplica POR CINCO O POR DIEZ (según
los casos).
Fumar durante el embarazo ya aumenta el riesgo, aunque luego se deje (aunque
evidentemente es peor seguir fumando una vez nacido el bebé). Si se ha fumado en
el embarazo lo prudente es no dormir en la misma cama durante las primeras 14
semanas (en su lugar lo más seguro es dormir en la misma habitación pero con el
bebé en una cunita). Después de este periodo de “seguridad” se ha comprobado que
no aumenta el riesgo, por lo que una vez pasado este tiempo los padres pueden
prescindir de la cuna si lo desean. Donde vive un bebé no deberían fumar otras
personas. Hágalo saber a las visitas y prohíba que fumen delante de él. Si
durante esas 14 semanas duerme con o sin los padres (los que son fumadores) el
riesgo es bien distinto, como detalla la siguiente tabla:
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Riesgo de
muerte súbita para el bebé de padres fumadores |
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Fumar + Dormir separados (con el bebé en la
cuna) = x5 veces más riesgo |
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Fumar + Dormir juntos (con el bebé en la
cama) = x12 veces más riesgo |
Conclusión: Lo mejor es no fumar ninguno de los
padres desde el mismo momento de conocer la noticia de la futura paternidad. Si
se le ha ocurrido pensar en dejar de dar el pecho para poder seguir fumando
piense que es mucho peor quitarle la protección que le ofrece la lactancia
materna a un niño cuyos pulmones respirarán probablemente más humo de tabaco que
otros. Incluso aunque los padres no fumen en casa las partículas se quedan
adheridas en pelo, ropa y piel, por lo que entraría en contacto con ellas de
todas formas. Según Carlos González, es mucho peor dar lactancia artificial y
fumar que dar lactancia natural y fumar (por lo menos se le evita un posible
riesgo de intolerancia a la leche de fórmula y además la lactancia materna le
protegerá en parte el riesgo de asma, bronquitis, otitis, etc...) ya que la
cantidad de nicotina que pasa a través de la leche es insignificante comparada
con los beneficios que le aporta, que son múltiples. Lo mejor evidentemente es
dar lactancia materna y no fumar.
Medidas de precaución contra la Muerte Súbita del Lactante
El Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) es la muerte súbita de un
lactante de menos de un año de edad cuya causa no logra explicarse aún después
de una investigación exhaustiva en la que se realiza la autopsia completa, el
examen de la escena en que ocurrió el fallecimiento y el análisis de la historia
clínica (Willinger y col. 1991).
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Estas son algunas
medidas de precaución para evitarla:
• Poner a los bebés a dormir boca arriba (boca abajo es lo peor, pero de lado
también hay cierto riesgo).
• No fumar durante el embarazo ni en los primeros meses.
• No dejar al niño durmiendo solo en su habitación (es mejor que la cuna esté en
el cuarto de los padres al menos los seis primeros meses).
• También es importante que el colchón sea duro, y evitar en la cama o cuna los
objetos blandos que puedan asfixiar al bebé, como edredones pesados, almohadas,
pieles mullidas o peluches.
• No abrigarle en exceso.
• La lactancia materna disminuye un poco el riesgo de muerte súbita.
En ciertas circunstancias, el colecho (palabra que define el dormir en el mismo
cuarto o incluso en la misma cama) puede disminuir el riesgo. La muerte súbita
es muy rara en Japón, donde dormir con los padres es lo más común, y también es
más rara entre los emigrantes asiáticos en Inglaterra (que suelen practicar
colecho) que entre los ingleses nativos. Además, en los estudios de laboratorio,
los bebés que duermen con su madre tienen un sueño menos profundo, lo que se
piensa que podría ser beneficioso (se piensa que un sueño demasiado profundo
podría impedir al niño el despertarse en caso de dificultad respiratoria).
Consejos para mejorar los hábitos de sueño
Pantley resume
todo lo que puede ayudar a hacer más llevaderos los despertares nocturnos:
Simplifica tu vida al máximo durante los primeros meses y baja el listón de
obligaciones como ama de casa. Acepta cualquier ayuda que te ofrezcan: la
prioridad es descansar y atender al bebé.
Ayuda a que diferencie el día de la noche:
• Que haga las siestas diurnas en una habitación con luz en la que pueda oír los
ruidos de la casa.
• Las horas nocturnas en silencio y oscuridad, sin hablarle, cantarle ni
encender la luz.
• Si la casa es ruidosa ala hora de dormir el bebé, usa ruidos de fondo para que
no os escuche mientras cenáis, veis la tele o charláis. Puedes hacerlo con
ruidos de fondo, como un CD de música suave, el ruido de un calefactor, un
ventilador o cualquier otro ruido monótono.
Hazle ver que es la hora de dormir con una rutina previa, como el baño o un
masaje.
Si por la noche come y/o le cambias el pañal, hazlo con suavidad y en silencio.
Deja las estimulaciones y juegos para el día. Si solo ha hecho pipí no hace
falta que le cambies el pañal, a no ser que tenga la piel muy delicada y se le
irrite fácilmente.
Otra opción es ponerlo en la cuna adormecido en lugar de dormido. No funcionará
siempre, pero puedes intentarlo acariciándole la espalda o volviendo a cogerlo
si está muy molesto.
Durante los primeros meses puedes ayudarle a quedarse dormido sin tu ayuda si
así lo deseas, sin lágrimas, y quizás te evites el “problema” más adelante.
Si tu bebé se chupa el puño o los dedos no hay problema, es muy común en los
recién nacidos, aunque si el hábito persiste habrá que ayudarlo a dejarlo más
adelante.
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La mejor
forma de mejorar el sueño a largo plazo para una madre que duerme con su
bebé es aprender a fingir que está dormida mientras escucha los ruidos del
sueño de su pequeño y esperar. Puede que vuelva a dormirse sin tu ayuda.
Si por el contrario necesita tomar el pecho, lo sabrás enseguida. |
Consejos para evitar despertares nocturnos
Aquí ponemos algunos consejos para facilitar el sueño. Algunos de ellos están
orientados a aquellos padres que no deseen practicar el colecho y quieran lograr
que el bebé/niño se encuentre a gusto en su propia habitación.
• Alimentarle lo suficiente durante el día. No espacies sus tomas.
• Comprueba si está cómodo por la noche. Colchón, temperatura de la
habitación...
• Crea una diariamente una rutina FLEXIBLE, aunque predecible, antes de
acostarle. Establece una hora temprana (aproximadamente desde dos horas antes)
para comenzarla. La mayoría duerme mejor y más tiempo si se acuestan más
temprano.
• Si trabajas y llegas muy tarde, traslada el rato de juego a la mañana
temprano, cuando os levantéis. Alborotar a un bebé a última hora de la noche
puede darle “cuerda” para un par de horas más.
• Que haga siestas regulares durante el día.
• Ayúdale a dormir sin tu ayuda. Haz de su habitación un sitio agradable, y pasa
algún rato en ella con el pequeño leyendo, cantando o jugando.
• Introduce un juguete favorito que sea seguro.
• Que los sueños nocturnos se distingan de los diurnos.
• Crea palabras clave para dormirle y que le hagan saber que es la hora de
descansar (“Ssshhhhh, es hora de dormir”; “Venga, venga, a dormir mi pequeño”,
etc...). No uses estas palabras en otros momentos del día para no confundirle.
Según Rosa Sorribas, fundadora junto con su marido, de www.CrianzaNatural.com y
asesora en lactancia materna y crianza natural, "el éxito de la rutina es que le
da seguridad a la madre de que lo “está haciendo bien” y es eso lo que capta el
bebé, más que la rutina en sí…". Rosa nos aclara "se hizo un estudio en Estados
Unidos con familias de origen centroamericano y otras blancas americanas, y las
primeras, que no seguían ninguna rutina, decían que no tenían tantos problemas
como las otras a la hora de poner a sus hijos a dormir, de manera que las
propias expectativas y la confianza de la madre hace que su percepción de una
misma situación sea distinta, viéndose como algo natural que ya pasará o un
problema que hay que solucionar".
Trucos para despertarle
Algunas veces los bebés cogen un profundo sueño durante el día y no se
despiertan para comer. Como ya hemos visto, hay que procurar satisfacer parte de
su alimentación en las horas diurnas, para evitar que duerma de día y coma de
noche. Aquí hay algunos trucos para despertar a un bebé si ya ha pasado muchas
horas sin alimentarse:
• Aprovecha el estadio de sueño ligero (signos descritos anteriormente).
• Cámbiale el pañal o límpiale la cara con una toallita húmeda.
• Destápale o quítale la ropa (en un cuarto cálido).
• Incorpórale para eructar (si está en medio de una toma).
• Frótale la espalda o haz como que caminas por ella con tus dedos.
• Quítale los calcetines y acaricia sus pies.
• Mueve suavemente sus extremidades.
• Ponle en la hamaquita cerca dela actividad familiar.
• Cógele y cántale.
Quedarse dormido tomando el pecho o el biberón
Seguimos con los textos de Pantley:
Resulta bastante frecuente que un bebé se duerma mientras toma el pecho, el
biberón o chupa su chupete. De hecho, algunos bebés lo hacen tan a menudo que
sus madres se preocupan porque creen que nunca comen lo suficiente.
Si un bebé se duerme SIEMPRE en estos momentos, aprenderá a asociar el hecho de
succionar con quedarse dormido, y al cabo de un tiempo no será capaz de dormirse
de otra forma. Por este motivo, si quieres que se duerma sin tu ayuda, es
imprescindible que dejes que se adormezca en algunas ocasiones succionando, pero
no dejes que lo haga por completo e intenta que algunas veces se duerma sin nada
en la boca. Si está molesto déjalo succionar de nuevo, y lo vuelves a intentar
en unos minutos. Llegará el día en que se duerma sin chupar nada.
El colecho en otras culturas
En otras culturas la práctica del colecho es prácticamente universal (y los
problemas del sueño en la infancia, en consecuencia, prácticamente
desconocidos).
En Japón, con una sociedad altamente industrializada, el colecho se considera
normal y deseable. Tradicionalmente los niños duermen con sus padres hasta los 5
años, y luego suelen pasar a dormir con algún abuelo (si vive en casa) hasta la
adolescencia. Es una muestra de respeto hacia los abuelos: sería de mala
educación dejarlos solos.
Un colecho “a medida”
Si el niño ya camina y os despierta cuando se pasa a vuestra cama, se le puede
poner un colchón o futón en el suelo de vuestro dormitorio y explicarle que
cuando se despierte a media noche puede acostarse en él sin despertar a los
demás.
Elizabeth Pantley nos aporta otra interesante idea para que el bebé más
mayorcito pueda dormir acompañado fuera de tu cama: “Si tienes más hijos, el
pequeño es mayor de 18 meses y el mayor acepta puedes crear una “cama de
hermanos”.
Los métodos conductistas
Los métodos conductistas no son un invento de Eduard Estivill (famoso autor del
libro “Duérmete niño”). Ya hace 20 años Ferber escribió un libro sobre esto,
“inventando” así el viejo método de dejar llorar al niño y que se duerma de
aburrimiento o (mucho peor) de extenuación, viendo que sus padres no acuden a su
llamada. Además, Estivill, no es experto en sueño infantil, ni siquiera es
pediatra, es licenciado en medicina por la Universidad de Barcelona,
especializado en neurofisiología clínica y pediátrica (lo cual no tiene
absolutamente nada que ver con la pediatría ni mucho menos con el desarrollo del
niño y ni por asomo con la crianza) y como ya hemos visto los patrones de sueño
entre adultos y niños son abismales. Irónicamente el mismo Estivill utiliza para
dormir antifaz y tapones para los oídos (dicho por su propia hija en un programa
de TV). Esto afirma más que nunca aquello de “en casa de herrero cuchillo de
palo”. Si él no puede dormir a pierna suelta quizás es porque se siente culpable
de algo...
Robert Wright, experto en evolución humana, colaborador de prestigiosas
publicaciones científicas americanas, además de escritor y colaborador en la
universidad de Pennsylvania describe así lo que es un método conductista:
Cada noche, miles de padres, siguiendo la sabiduría común de cómo cuidar a sus
hijos, hacen uso de un ritual macabro. Ponen a su bebé de algunos meses en una
cuna, salen del cuarto, y estudiadamente, ignoran su llanto. El llanto puede
durar de 20 a 30 minutos antes de que el padre pueda regresar. El bebé puede ser
acariciado pero no levantado, y el padre debe irse rápidamente, después de lo
cual el llanto vuelve. Eventualmente el sueño llega, pero el ritual recurre si
el bebé se vuelve a despertar durante la noche. La misma cosa sucede la
siguiente noche, excepto que el padre debe esperar cinco minutos más entre el
tiempo que va a ver a su bebé y lo consuela acariciándolo. Esto dura una semana,
dos semanas, tal vez un mes. Si todo va bien, finalmente llega el día en que el
bebé se duerme solo sin llorar, y no toma alimento durante toda la noche.
William y Martha Sears dan estas palabras de aliento a aquellos padres que
practicaron un método conductista, tanto si se sienten culpables por haberlo
llevado a cabo como por haber cedido a los llantos:
“Un bebé y unos padres sensibles son temperamentos que armonizan bien y que
promueven el desarrollo de una personalidad confiada. Valorad positivamente el
hecho de que el bebé no renunció a llamaros, y de que vosotros cedisteis, y no
sintáis tampoco que al ceder os dejasteis manipular”.
Elizabeth Pantley también puso en práctica un método conductista cuando tuvo a
su primera hija y desistió:
Pude comprobar que los intervalos entre llanto y llanto se iban espaciando,
pero, en cada una de estas ocasiones, veía la carita de terror y confusión de mi
pequeña que parecía decirme “¡Mamá!”. Después de dos horas en esta situación, yo
también empezaba a llorar. No pude soportarlo más y tomé a mi preciosa
fuertemente entre mis brazos. Estaba demasiado turbada para tomar el pecho y
demasiado desconcertada para poder dormirse. La abracé y le di besitos en la
cabecita, se le estremecía todo el cuerpo con el gimoteo y mientras tanto me
preguntaba a mí misma: ¿Este método responde a las necesidades del niño?, ¿sirve
para enseñarle que el mundo está lleno de fe y confianza?, ¿sirve para educarla?
Decidí entonces que quienes defendían este método estaban equivocados. Estaba
convencida de que era una forma simplista y violenta de tratar un ser humano.
Permitir que un bebé sufra y sienta miedo hasta que se resigne a dormir es cruel
y, para mí, impensable.
Reflexiones finales
Elizabeth Pantley ha pasado por unas cuantas malas noches con algunos de sus
cuatro hijos. Una vez superada esta etapa, nos da estos consejos que nos hacen
ver que todo pasa, y que incluso la noche más desesperante la echaremos de menos
dentro de pocos años:
Siempre que puedas lleva a tu bebé a su cuna para que aprenda que también puede
dormir solo además de entre tus brazos. Y cuando no puedas dejarlo porque está
molesto, mantenle apretado entre tus brazos pegado fuertemente a tu pecho, y
disfruta de cada pequeño suspiro, gorjeo, pestañeo. Créeme cuando te digo que lo
vas a echar de menos, seguro que lo harás. Incluso las largas noches sin dormir
adquirirán un cierto romanticismo en tus recuerdos, y te acordarás de ellas
cuando tu bebé conduzca su primer coche, termine la carrera, se case o tenga su
primer hijo.
En mi tarea para averiguar algo que pudiese ayudar a dormir a mi hijo Coleton me
guié por un criterio: hiciera lo que hiciera no le dejaría llorar para quedarse
dormido. Después de todo, estábamos en el mismo barco: AMBOS NECESITÁBAMOS
DORMIR, y no sabíamos qué teníamos que hacer para conseguirlo.
Si estás muy desesperada necesitas perspectiva. Para conseguirla pregúntate:
1- ¿Dónde estaré dentro de 5 años?
2- ¿cómo recordaré estos días?
3- ¿Estaré orgullosa de cómo me desenvolví con las rutinas de sueño de mi bebé o
me arrepentiré de mis acciones?
4- ¿Cómo afectará a mi pequeño en el futuro lo que yo haga hoy?
Puede parecer que todas estas reflexiones son un “consuelo de tontos”, pero la
verdad es que cuando uno está tan desesperado y pierde la paciencia y el control
de la situación, el preguntarse estas cosas y el repetirnos una y mil veces que
esto pasará pronto nos puede calmar y hacernos ver que el bebé no es un ser
malévolo que nos está “fastidiando la vida”. A veces hay que repetirse una y mil
veces las frases que nos recomienda Pantley. Os aseguramos que funcionan.
“Respira hondo y repite: Esto también pasará”.
“Paciencia, paciencia, solo un poco más de paciencia”.
Lactando
Grupo de apoyo a la lactancia materna y crianza
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