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El masaje infantil... y llegó la frustración |
Me encuentro muchas veces ante papás y
mamás, que viene a las clases de masaje infantil con sus niños/as para
compartir con ellos el arte de masaje. Les han hablado muy bien de esta
técnica, han leído sobre ella o han visto personas entrar en profunda
relajación al recibir un masaje… ideas preconcebidas que luego trasladan a
sus hijos y esperan que cuando llegue la hora de la clase o la sesión todo
cobre vida, tal y como ellos se lo han imaginado siempre… un lugar
confortable, luz tenue, un aroma relajante, su hijo con una sonrisa
saliente y completamente relajado en la esterilla y ellos masajeándoles a
la vez que les dicen carantoñas.
… Y a llegar la hora del masaje, se encuentran con niños que quieren comer,
que tienen sueño, que no quieren masaje, que quieren jugar, que no paran
quietos, ahora te enseño la tripa y ahora te muestro la espalda, … y es
entonces cuando los papás se desesperan, porque nada es como se lo habían
imaginado… El masaje es relajante, no? Entonces ¿Qué está pasando?
Prefieren, entonces… buscar excusas fáciles que les saquen de esta situación
y les quite de enfrentarse a algo que es totalmente desconocido… “es que mi
niño es muy pequeño”, “es que ya es demasiado grande”, “es que solo duerme o
es que no para quieto”… “mejor les damos el masaje cuando esté más
preparado”… y no se dan cuenta de que el mejor momento es Ahora.
Nuestros hijos son tremendos maestros y ni siquiera nos damos cuenta,… todo
lo hacemos según ideas preconcebidas, con expectativas y con una fijeza
tremenda y llegan ellos y nos regalan sesiones de masaje llenas de
movimiento, de danza, de comunicación sensorial, de juegos, de fluidez, de
respeto, de libertad… y desaprovechamos no solo la lección, sino la
oportunidad de conocer a nuestros hijos desde su realidad.
Creemos que cuando empiece el masaje, nuestro hijo se va a postrar en la
esterilla y se va a dejar hacer, así de fácil y así de irreal!!!
Al igual que nosotros hemos de habituarnos a mover nuestras manos en el
cuerpo de nuestros hijos a la vez que nos fijamos en su lenguaje corporal y
a la vez que, mientras sonreímos, les hablamos… ellos han de hacer suyas las
sensaciones que el masaje les ofrece, han de acostumbrarse a ese otro modo
de comunicación que sus padres le andan ofreciendo en este momento. Todo
tiene su ritmo y su tiempo, y hemos de saber respetar el de cada uno.
Ante ello, hemos de tener paciencia, probaremos y unas ganas locas de
compartir con nuestros niños porque les aseguro que llega el día en que sus
hijos, realmente se tumben en la esterilla, relajados y esperando con ansia
la hora del masaje… hasta tal punto que, cuando acabes de masajear su pecho,
ellos te ofrezcan sus brazos para que continúes. Y no habrán de pasar meses
para esto.
De modo que, les invito a disfrutar de estos momentos y que no permitan que
sus propias estructuras mentales les impidan compartir con sus hijos de
estos momentos tan lindos y mágicos. Vayan más allá de sus propias
limitaciones.
Marisa Hernando
Educadora de Masaje infantil
Creadora de
www.okemakus.com
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